Thursday, June 05, 2008

¡Ya ves pendejo! por hacerte caso


El martes, aprovechando el aniversario del natalicio de Melchor Ocampo, acompañe al Potrillo a Guadalajara, y por varias razones tuvimos que quedarnos un día más.

Cuando ya era inminente el quedarnos a dormir ahí, le mandé un mensaje a Marisol para que invitara unas cervezas. Y es que su hermano tiene pensado venir a Morelia a estudiar, así que me invito a su casa para que de paso platicara con su mamá sobre como esta la onda moreliana. Y todo se va cocinando bien, según vi ese día esto ya es un hecho.

Ya como a las 12 y media de la noche que me dejaron en el hotel, me recibió el Potrillo con un pedo que será recordado por toda la eternidad (le ganó a uno que se tronó mi hermano una vez que su novia se fue de la casa, se lo tenía aguantando toda la tarde).

¡Pero para pedos los del miércoles!

Para empezar, no pude llegar a la clase de Composición Arquitectónica porque entre ir con Juvenal a Zapopan, y con Napo a Tlaquepaque se nos fue todo el pinche día, además, la camioneta traía cerca de una tonelada de carga, lo cual hizo más lento el regreso. Le marqué a Adrián para que me hiciera favor de ir a la facultad de Arquitectura a entregar los planos del hotel, a lo cual respondió con un “¡Estas pendejo! ¡No mames!” pero gracias al apoyo de su padrino, el Director General del Derby Internacional Generalísimo Morelos, cedió y los llevó. Ya luego le hablé a Guillermina para que ella los recibiera y le dijera al profesor que andaba en Guadalajara y no pude regresar ese día.

Pero el pedo mayor fue cuando se me ocurrió decirle al Potrillo mientras manejada “A ver wey, tápate los ojos y suelta el volante” y este pendejo bieeeeeen obediente lo hizo. ¡¡NO MAMES!! ¡¡Pinche camioneta se fue de lado bien culero!! Y ni reír pudimos, yo me quede bien serio y me hice pendejo, y este wey me dice "¡Ya ves pendejo! por hacerte caso". Pero unos kilómetros adelante si se le salió de control y por nada, por nada, nos volteamos. El wey apretaba el volante con las dos manos y no podía controlarlo, la camioneta se zangoloteaba como mi tía Agustina el día que se cayó de la silla.

El grito del Potrillo fue “¡Ay! ¡Ay! ¡¿Qué pedo, que pedo?!” jajajajajajaja y terminó por orillarse y bajarse un rato para sobrellevar el susto. Ahí estábamos, orillados en la autopista pasando saliva. Ya ahí pasamos algo de peso a la cabina para tratar de estabilizar la camioneta, cosa que no resultó.

Y pues bueno, ya nada podía pintar peor. Y es que aun quedaba una pequeña, pequeña posibilidad de que lograra llegar a mi clase de 5pm a 9pm (así es, cuatro pinches horas) pero al llegar al entronque de al autopista Guadalajara-México (en la desviación a Morelia) ¡¡pinche filononononononononon de coches!! Y es que resulta que desde en la mañana se volteó una pipa (hasta muertito hubo) y el tráfico en la entrada norte de Morelia estaba de la chingada. Ahí duramos como una hora y tuvimos que meternos a Cuto de la Esperanza y cruzar camino para poder llegar a Morelia.

Pase dos días en el sol, y con lo moreno que soy, ni ando quemado, ni ando rojo jajaja. ¡Parezco camarón! Pinches brazos, parezco corneto.

En fin.

Ni modo Rodrigo, no me maté, pero te la debo. Tu no comas ansias.

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